“Aprender para crecer”


Durante los últimos pasos de mi carrera universitaria, pude darme cuenta de lo valioso que fue transitar dicho camino.

Observé que los conceptos de los cuales hemos leído incansablemente, desde la perspectiva de varios autores, con distintos paradigmas, ya que escribieron sobre los mismos temas, pero en momentos sociales e históricos diferentes, no sólo fueron conceptos internalizados útiles en la aplicación laboral, sino que, durante el desarrollo de mi vida, pude aplicarlos en situaciones ajenas al trabajo, a las relaciones laborales, es decir utilizarlos en mi ámbito personal.

Al inicio de la carrera aprendí que todo lo que hacemos, lo hacemos desarrollando una serie de pasos y bajo la premisa de que lo haremos porque “así está bien”, y lo hacemos así, porque así nos han enseñado a hacerlo, desde chicos emprendimos un proceso de socialización de primera instancia, donde nos han transmitidos valores, principios, modos de pensar, decir y hacer. Formándonos como seres éticos, bajo una moralidad social compartida.

Con el transcurso de nuestro crecimiento, ya al principio de nuestra adultez, comenzamos a vislumbrar nuevas miradas, nuevas formas, entendimos que nuestra primera socialización partió de una generación con posiblemente más de 20 años de distancia a la nuestra, que las formas de pensar fueron cambiando, que existen otros paradigmas, otros modos de ver de hacer, que podemos pensar distinto, y eso no está mal, sino que comenzamos a incorporar y aceptar la diversidad.

Cuando comenzó nuestro ciclo activo, productivo, allá después de nuestros 20 años, y seguramente para muchos, algunos años antes, comenzamos a interrelacionarnos con personas totalmente distintas, de otras edades, otros barrios, otros pueblos, otras culturas, que nos fueron acompañando en nuestros primeros pasos tanto en la universidad como lo laboral, y nos ayudaron a elevar horizontes y abrir nuevas oportunidades. Pensar cuál es nuestra Misión y nuestra Visión, nuestros valores, hacia dónde vamos.

Allí, dando nuestros primeros pasos laborales, dábamos nuestros primeros pasos universitarios, y aprendimos que nosotros también somos agentes que portamos fortalezas y debilidades, y que la vida nos brinda oportunidades y amenazas; y nos dimos cuenta de que el camino es incierto, de que podemos analizar escenarios para ver qué nos depara el destino. De que podemos vendernos como un producto en el mercado laboral, de que podemos cambiar nuestro packaging y embellecernos ante la mirada del otro.

Y a medida que seguimos avanzando, comenzamos a ser eficientes administrando nuestros capitales, nuestras finanzas en casa, viendo que entra y que sale, controlando nuestra contabilidad, para poder ver si nuestros proyectos eran viables, analizábamos los riesgos en esta economía inestable, sobre qué nos podría afectar o salir mal, pero con la fe de que iba a ser óptimo, alcanzando la máxima rentabilidad de nuestra felicidad.

Y los conceptos más importantes que logramos comprender durante la adultez, ya con varios años de experiencia como profesionales, como padres y madres de familia, como hijos, como hermanos, como amigos, es que la buena comunicación y la escucha, son las bases fundamentales en nuestras relaciones. No importa si el otro estaba preparado para escucharlas o no, pero que bien se siente poder decirlas. Dicen que lo que no decimos nos puede enfermar el corazón, nos generan malestar interno, y alcanzamos el famoso stress, o peor aún, padecemos los efectos más severos con la llegada de otras sensaciones como el pánico, o caemos en adicciones cuando sentimos que estamos sobrecargados de responsabilidades, de trabajo. Pero es ahí, cuando hay que decir que “no”, hasta acá llego, hasta acá puedo, y no hay que tener miedo, parémonos de frente, firmes, elevando el pecho, rompamos los arquetipos que nos llevan a esos círculos viciosos.

Y si sólo no podemos, existen esas personas que nos acompañan en el camino, que nos hacen un Coaching personal, grupal, para ayudarnos a superarnos, a saltar el obstáculo, a pasar la crisis, porque con la acción, siendo “protagonistas de nuestros propios logros y fracasos” todo es posible.  Aprendemos que trabajar en equipo, con sinergia nos otorga grandes resultados, que todos somos más que uno, que juntos podemos más.

Y aún no podría decirles cómo seguirá todo, porque el camino por recorrer es largo, sé que el aprendizaje no es finito, que no termina todo aquí con el final de la carrera, sino que hay que seguir buscando, seguir estudiando, para que lo nuevo vuelva a despertar nuestra curiosidad de darnos cuenta de que no todo lo sabemos. Y seguir almacenando experiencias que nos permitan desarrollar nuevas capacidades.

Porque si hay algo que sí sé, es que nuestro poder de conocer es infinito, sólo debemos tener las agallas de enfrentar nuestro propio ego. Paula Furci.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s