¿Quién se ha robado mi plan?


Hace algunas semanas, en un almuerzo familiar, surgió una anécdota de uno de mis familiares que proviene de su experiencia adquirida durante el desarrollo de sus largos años como consultor independiente, y que trae a colación uno de los temas que está altamente relacionado con el estudio de las organizaciones, y es la ética, no sólo desde la mirada de la ética empresarial, sino desde los integrantes que la habitan, que operan en ellas.

La anécdota se explica a continuación, pero a modo de preservar la privacidad de los actores, modificaré los nombres, y créanme es un caso real.

Esta persona (mi familiar), a la que llamaré Jorge, contaba que prestaba servicios de consultoría especializada en Marketing y Desarrollo e Innovación de Productos, para una gran empresa multinacional dedicada a la fabricación y distribución de golosinas. Luego de varios años de trabajo conjunto, en la organización se produce un cambio en los Directores que incorpora la llegada del nuevo ejecutivo en el área para la que Jorge asistía, contando este nuevo integrante con un alto prestigio dentro de las vinculaciones de la élite empresarial. Tal es así que todo cambio de gestión trae asociado modificaciones en los equipos y en la toma de decisiones, por lo que Carlos, el nuevo director consideró que la consultoría de Jorge ya no era necesaria y prescindió de sus servicios.

Luego de meses de trabajo y de que Carlos lograra formar parte del nuevo Plan Estratégico de la multinacional, que ya se encontraba desarrollado y listo para ser impulsado, otra firma se comunicó con Carlos para contratarlo debido a su conocido desempeño y éxito en su paso por otras empresas. Pero el mundo es un pañuelo y era lo que a Carlos le faltaba conocer.

Jorge, que habían compartido trabajos en el pasado y esperaba llevar a cabo nuevos proyectos en ese momento con Ana, presidente de la nueva firma que esperaba ansiosa la llegada de Carlos como nuevo Director del área de Marketing, fue testigo de las confesiones de ella, quién le confió que un nuevo Director llamado “Carlos” se incorporaría con un Plan estratégico desarrollado de la “A” a la “Z”, que provenía de la autoría de la gran multinacional y estaba listo para ser impulsado, con la promesa de qué si lo aplicaban rápidamente, le darían una gran paliza a la competencia. En ese momento Jorge, quien guardaba grandes lazos afectivos, de una relación que se fomenta bajo la confianza con la gran multinacional, se puso en contacto con su presidente, para alertar de la situación de que Carlos, en quién ellos habían confiado ampliamente, les robaría el Plan Estratégico, para llevarlo a cabo en la otra compañía de Ana.

La historia termina con un llamado telefónico entre el presidente de la multinacional de golosinas, y Ana presidente de su competencia, quienes se pusieron al tanto de la situación y donde se acordó que ella no incorporaría en su firma a Carlos debido a su conducta inapropiada, y como moraleja de la historia, Carlos nunca volvió a ser contratado como ejecutivo en ninguna empresa de la industria, ya que se podrán imaginar por donde andaba dando vueltas su reputación.

Cuando escuché esta historia durante la sobremesa, pensaba en los grandes valores éticos que poseen algunas personas y pensaba en las personas como Carlos, que no poseen conciencia de esto, de la ética, de la moral de las organizaciones, personas que no ve en costo de sus acciones, ni los daños que pueden ocasionar.

Y bien… ¿Qué es la ética empresarial?

Para entender la ética empresarial, deberíamos primero entender el concepto de ética, que constituye el conjunto de costumbres normas que dirigen el comportamiento humano dentro de una comunidad.  Llevando estos significados a las organizaciones, me gustaría traer los conceptos que desarrolla Jorge Etkin.

El autor en su trabajo orientado al “Potencial ético de las organizaciones”[1]  menciona que la ética en el plano interno a la organización se preocupa por la calidad humana, reconociendo los valores de libertad, igualdad, equidad,  transparencia, solidaridad y justicia entre otros, y en el plano externo apela a la responsabilidad social.

Además, hace referencia a que “la ética no sólo considera aquello que se encuentra o enmarca dentro de lo legal, sino que razona en términos de lo deseable, aquello que el valioso y valorado socialmente.  Por ello lo inmoral afecta la naturaleza social de la organización  y por lo tanto la razón moral no refiere solamente a las reglas vigentes, sino implica una valoración desde lo justo y lo equitativo”.

No hay que perder de vista que, ante la incertidumbre, muchas veces los ejecutivos justifican sus acciones y defienden a sus decisiones incorrectas, en el marco de lo moral. Por ejemplo, justifican la competencia desleal por las condiciones del contexto socio-económico, generan contaminación o incurren en la corrupción comprendida compra la compra-venta de voluntades para lograr privilegios. Hay que ser capaces de poder detectar estas actividades injustas e inmorales, que se encuentra muchas veces disfrazadas o no muy visibles a los ojos de quienes están en las organizaciones.  

Teniendo en cuenta estas concepciones, es claro el actuar de los presidentes de las organizaciones del caso comentado, ya que intentan mantener el orden organizacional, no solamente desde la concepción de las buenas prácticas empresariales, sino conservando los valores que refieren al “ser con los otros”, como los directivos se muestran y relacionan con sus pares, inclusive si ellos están en la vereda de enfrente, siendo la competencia. El hecho de visibilizar el actuar inmoral de Carlos, por querer robar el Plan Estratégico para aplicarlo en la competencia, sin dudas generó una buena imagen para esta nueva empresa que decidió no contratarlo, y sostuvo la confianza y las relaciones de ambas compañías a lo largo del tiempo, sin caer en una competencia desleal, y valorando por qué no, las posibilidades de negocios conjuntos en un futuro, y por sobre todo preservando aquellos códigos, aquellas buenas costumbres que sostienen los valores éticos individuales y refieren a la buena moral colectiva.


[1] Trabajo de Jorge Etkin – “El potencial ético de las organizaciones”, http://adminuba.calama.com.ar/lecturas/3tiposorg.pdf

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Una respuesta a “¿Quién se ha robado mi plan?

  1. Buen post que refleja como a veces se prioriza más lo económico sobre todo lo demas, hasta a veces dejando de lado los valores personales que uno trae. Casos donde no importa la ética en el trabajo con tal de obtener otros beneficios económicos.
    Es un ejemplo muy interesante.

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