EL VIAJE DEL APRENDIZAJE…


 

“Todas las historias tiene un patrón común, las historias representan ese viaje que transitamos y que nos va transformando. Cada uno de nosotros contiene en su interior un héroe a la espera de ser llamado. El héroe acude a la aventura e inicia su viaje. Durante el mismo supera una serie de retos y desafíos en el que aprende valiosas lecciones. Finalmente, regresa al lugar de inicio transformado. A lo largo de nuestras vidas realizamos varios de estos ciclos mientras evolucionamos.”

Mi viaje de aprendizaje comprende el camino transitado en la universidad… Para describirlo comencé realizando un inventario mental de todo lo aprendido hasta ahora. Haciendo un análisis diacrónico, todo comenzó allá en tiempos lejanos por el año 2007, cuando tenía todos los recursos necesarios para encarar este nuevo camino. Al terminar mis estudios secundarios me encontraba  saliendo de de una zona de confort, en donde todo era conocido, para entrar en una zona de aprendizaje. Allí,  todo resultaría desconocido, el contexto era de total incertidumbre, pero tenía algo en claro: mi meta era ser licenciada y que en el futuro esto forme parte de mi identidad. Considere además que tener un título, me daría  una ventaja competitiva  en el mercado laboral.

Me decidí por la administración porque me parecía una ciencia con una visión holística de las organizaciones y finalmente comencé a dar mis primeros pasos en esta gran cadena de valor que representa la carrera universitaria.

Al principio las cosas se desarrollaban dentro de un paradigma de la simplicidad. Todo consistía en una relación lineal,  estudiar y aprobar.

Una de las primeras materias sobre administración, empezó a incorporar los primeros conceptos de eficiencia y eficacia que juntos comprendían la efectividad. Luego, vimos cuales serían nuestras 4 tareas básicas como futuros administradores, planificar, organizar, dirigir y controlar. Los procedimientos se resumían a cómo íbamos a coordinar el esfuerzo de los demás para plantear cursos de acción a seguir y así alcanzar los objetivos.

Más adelante en el camino, algunos profesores propusieron una educación menos rígida y más informal. Le pusieron un poco de innovación a las clases y  vienen a modificar el orden instituido que plantea el paradigma de la educación tradicional aportándole mayor valor agregado a las clases. Nos propusieron cuestionar ciertos temas y dejar un poco de lado las lindas palabras de los textos y centrarnos en las crudas realidades  a las cuales nos enfrentamos fuera de la universidad. El aprendizaje tome un rol activo para nosotros y  estas dinámicas en el aula hicieron  que el par de roles alumno – profesor  tuviera una relación más simétrica.

Por supuesto que este camino también tuvo altibajos. Como en  todo camino del héroe se presentó un desorden instituyente allá por la mitad del recorrido.

Cuando los flujos de fondo y  las tasas de interés me ponían barreras y no me dejaban avanzar, ubicarme en el lugar de víctima y culpar a factores externos  me resultó más fácil y en estas instancias abandonar  la carrera surgió como una posibilidad. Aparecieron entonces mis rutinas defensivas, las que utilice para no exponerme a la posibilidad de reprobar otro examen.

Lo que sucedía fuera del aula también afectó el recorrido, se sumó a esta situación presente de inconformidad, una insatisfacción laboral en donde  las tareas que desempeñaba en mi trabajo, estandarizada, repetitivas y rutinarias (propias de un sistema taylorista de trabajo) ya no requerían de mis competencias blandas sino simplemente de mis habilidades técnicas y en donde solo era evaluada y valorada según parámetros de productividad.

En este momento no faltaron las personas que me ayudaban a desmotivarme, diciéndome que no iba a lograrlo. Pero no deje que la relación condicione el mensaje. Porque ellos emitían juicios y yo no debía tomarlos como afirmaciones. Haberlo hecho, hubiese sido un error…

Además,  no podía dejar que una piedra obstaculice el camino recorrido hasta el momento, no podía convertirme en perversa y dejar que mi teoría expuesta no coincidiera con mi teoría en uso.

Entonces, puse en la balanza cuáles eran las cosas importantes y no urgentes en las que debía concentrarme para atravesar esta crisis.

Fue ahí en donde debía tomar una actitud proactiva, y ponerme en el rol de protagonista de mi propia historia. Comencé realizando un FODA de mi situación actual para que me ayude a tomar la decisión. Diseñe además en mi mente, un árbol de problemas y su posterior árbol de objetivos  para saber dónde dirigir las estrategias que necesitaba emplear para retomar el camino. Finalmente, El análisis del caso determinó que debía encarar la recta final.

El análisis matemático me posibilitó encontrar una fórmula que describe todo lo que se necesita tener para recorrer este viaje: C+H *A

Se necesitan: conocimientos, habilidades y actitud. En esta fórmula hay algo fundamental, el conocimiento y la habilidad  suman pero la actitud multiplica. Sin actitud, responsabilidad, compromiso no se llega a completar el viaje del héroe.

El tiempo transcurrido desde aquellos primeros pasos hasta hoy se torno más largo de lo esperado, el periodo de recupero de mi inversión se volvió  infinito. Pero cuando por fin llegue al final del recorrido, espero que todo haya valido la pena, que el balance me haya dado positivo y que la tasa interna de retorno de este gran proyecto de vida, sea rentable

Comparando mí programa maestro subyacente actual con el que tenía en los inicios, puedo decir que este  se encuentra totalmente modificado, ya no pienso ni veo las cosas de la misma manera que lo hacía antes. Me llevo nuevos conceptos que expresados a través del lenguaje generaran nuevas realidades.

Si bien es cierto que  las estadísticas dice que hay aproximadamente un 30% de probabilidad de que un estudiante universitario se gradúe, creo que voy a lograrlo.

Hoy, ya estoy  muy cerca de alcanzar aquella visión propuesta hace años y empiezo por primera vez a ver el final de este largo camino transitado.

Ya visualizando la llegada a la meta, me doy cuenta que el aprendizaje individual  nunca se termina. Tengo en mi activo muchos conocimientos adquiridos (que como todo sistema que se retroalimenta) estos  se volverán recursos necesarios para emprender nuevos viajes de aprendizaje…

 

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