“ORGANIZACIONES QUE SE INTOXICAN”


En la oficina, en reuniones con amigos, en el trabajo, en el café, se discuten situaciones planteadas que reflejan actitudes no tan gratas o desafortunadas para el grupo, o para nuestros pares, en el cual escuchamos decir, alguien o fulano es un “amoral”, es un “inmoral”, es un “perverso”, es “su forma de vida”, es “su forma de ser”. Pero que es ser un amoral, o bien un inmoral.

Entiendo por amoral, quien actúa o acciona desconociendo la moral, no sabe si actuó de forma correcta o incorrecta; a diferencia del inmoral, es quien transgrede una ley, una norma, un pacto o costumbres, con el discernimiento de la acción llevada a cabo, o sea actuar sin moral a conciencia. Todo lo contrario a actuar con moral, acciones consideradas buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad. Actuar con inmoralidad es la perversión propiamente dicha, es la perturbación del orden, de algo establecido, o del estado de una cosa.

Ahora bien, llevemos estos conceptos a una organización considerándolo como tal. Jorge Etkin en su obra “La doble moral de las organizaciones”, parte de la idea y la relación de la moral como conducta actitudinal de la religión. Los directivos de la empresa “profesan” de manera religiosa, la imposición de sus valores como preceptos universales aptos para todos sus miembros, como la perversidad de una verdad no discutible. Obligar a optar por las creencias, ideología fijada de quienes conducen, oponiendo la libertad o manifestación autónoma de los hombres.

La vida organizacional, la interconectividad, el vínculo de sus miembros componentes, deben ser manifiestas a través de acciones éticas sociales transparentes, no confusas ni contradictorias. De eso se trata, actuar con moral, cuyas costumbres y acciones, principios y reglas que hacen a las conductas y comportamientos de los individuos, sean de manera coherente. Son atributos y rasgos de las personas y que identifica a una organización, donde exista la responsabilidad y el respeto por los principios, y actuar de acuerdo a ellos.

Pero existe la contraparte, donde los desvíos y la inmoralidad tienen su cauce, el sentido propio, su razón de ser de acuerdo al entorno y contexto. Acciones que dañan, lastiman a un sistema. Sus víctimas no pueden escapar, la perversidad tiene sus efectos constructivos o destructivos de los valores sociales y de las misiones de la organización.

Entonces, de acuerdo a lo citado anteriormente, una organización se puede enfermar? Es un sentido metafórico, que antes las circunstancias y acciones que vemos diariamente en nuestra vida cotidiana, una organización no se enferma, porque biológicamente no tiene vida propia. Quienes dan vida al organismo son las personas, y quienes se “enferman” son las mismas personas que la componen. Lo cual aclaro, las organizaciones se corrompen y debemos de lograr que esto no suceda. Ante este escenario una organización naturalmente de hecho es incapaz de servir al propósito por la cual se la ha fundado, porque de lo contrario la estaríamos matando, estará desangrando. Su cultura está intoxicada, y el remedio tal vez para la ocasión no sea el adecuado para su subsistencia.  Simplemente una reflexión.

Fuente:

  • La doble moral de las organizaciones – Cap 3 – Jorge Etkin – 1993
  • Caso “Odebrecht”

 

 

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