Inmersos en la perversidad.


Todos formamos parte de un sistema social perverso, ya que podemos observar o ser protagonistas, en el día a día, de diferentes actos que generan un perjuicio a un determinado grupo o persona, quedando visible desde la mirada externa el rol que se ocupa en esta sociedad.

Algunos ejemplos diarios que podemos identificar son: el rol que juegan los trapitos en las calles, o bien, el simple hecho de tirar basura en la vía pública, como así también, podemos señalar el acto de recibir en los supermercados nuestro “vuelto en forma de caramelos”. Todos estos actos se caracterizan por ser habituales, intencionales, deliberados y porque la persona o grupo que lo lleva a cabo es consciente de lo que está haciendo, instaurándose en vacíos o brechas legales.

Cuando hablamos de perversión hacemos referencia a las pautas de relación y modelos mentales, los cuales hacen que las personas no puedan reconocer el papel que juegan en dicho sistema. Sólo aquel que tiene una visión heterónoma, externa, puede identificar la trama perversa que se desarrolla, permitiéndole distinguir el rol que juegan los diferentes actores, entre los cuales podemos mencionar:

  • Al actor: responsable de ejecutar el acto perverso, buscando su propio beneficio sin tener en cuenta el daño a otros. Desde su lugar, es posible que no admitan que en sus actos exista algo destructivo, siendo para ellos algo normal, parte del orden establecido. Según el ejemplo dado anteriormente, los trapitos representarían dicho rol.
  • La víctima: es el que recibe el daño. Son sometidos a injustas reglas que no controlan, y que además los perjudican. Pudiendo ser en el caso analizado, la sociedad, específicamente los automovilistas, los cuales simplemente soportan la situación injusta.
  • El cómplice: participa activamente en la trama beneficiando al actor y ayudando a llevar adelante esta trama perversa, siendo un partícipe necesario. En este rol podemos identificar a los comisarios del municipio o partido en donde se desarrolla la trama, son quienes utilizan el poder que poseen para dar la orden a los policías que patrullan en la zona en donde se desarrolla el asunto.
  • y el Colaborador: a diferencia del cómplice posee una actitud pasiva, como observador y no cuenta con el poder necesario para cambiar la situación. Siendo los policías, como dijimos hace un rato, los que hacen “la vista gorda” al tema en cuestión, o bien, los vecinos de la zona que por temor a que haya represalias no realizan una denuncia.

Cabe aclarar que no existe una única trama, como así tampoco, un único rol que ocupar en el sistema, sino que son infinitos los tejidos sociales que podemos encontrar para los cuales un mismo partícipe podrá personificar, a la vez, todos o varios de los actores mencionados anteriormente.


Fuente:

Etkin- Doble Moral de las Organizaciones

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2 Respuestas a “Inmersos en la perversidad.

  1. Ale, muy buen post. Cuantas veces vivimos situaciones que nos sentimos con impotencia y vulnerables por miedo a que nos pase algo malo por el hecho de simplemente defender nuestros derechos o porque nuestro reclamo como vecinos frente a los trapitos no tiene ningún efecto que lo regularice. Lamentablemente vivimos en una sociedad corrupta donde las personas que realmente deberían velar por nuestra seguridad son quienes organizan y otorgan protección a estas personas. Como expone Etkin en su texto “La Doble Moral de las Organizaciones”: utilizamos la metáfora de lo perverso para ubicarnos en el nivel de los procesos organizativos, porque la desviación moral consiste en que los actores consideran sus beneficios individuales pero no aquellos efectos que actúan sobre el conjunto social”.

  2. TAN REAL! Los ejemplos que pusiste no pueden ser mejores. Cotidianamente vivimos con estas practicas, que aunque no correspondan, naturalizamos. Los trapitos como “dueños” de las calles, sometidos a su extorción sin poder hacer nada al respecto. Las imprudencias de los conductores, que sin conciencia nos dejan a su merced y librados a la suerte cada vez que salimos a la calle. Esta misma perversidad, reflejo de la sociedad, es la que también encontramos en las organizaciones, como en las calles. Se plantea la coexistencia de la perversión con lo normal. El autoreforzamiento de las situaciones perversas, son las que distinguimos como círculos viciosos.

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