Nos producimos a nosotros mismos


En esta oportunidad me gustaría reflexionar sobre la visión de la organización como un ser vivo, y especialmente  sobre un concepto clave, que justamente la caracteriza como tal: LA AUTOPOIESIS.

La Autopoiésis  se define como “la capacidad de los sistemas de producirse a sí mismos”. Esta afirmación nace desde el punto de vista biológico de los seres vivos, pero, es aplicable a cualquier sistema y, por ende, a las organizaciones.

Este término fué acuñado por los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela para referirse a una propiedad esencial de lo viviente, la cual refiere a su capacidad de  autoproducción y autoorganización,  que distinguen a un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo.

Para Maturana y Varela la definición de autopoiesis es inseparable de la definición de ser vivo. Según detallan en su obra “El árbol del conocimiento”, los seres vivos se caracterizan por  producirse en forma recursiva y continua,  ya que cuentan con una organización propia.

Tal como señalan los autores, un ser vivo es  una red de procesos u operaciones, que lo define como tal y lo hace distinguible de los demás sistemas, y que puede crear o destruir elementos del mismo sistema, como respuesta a las perturbaciones del medio en el que vive.

La autopoiesis se establece entonces como la propiedad básica de los seres vivos, puesto que son sistemas determinados en su estructura. Es decir, son sistemas que cuando algo externo incide sobre ellos, los efectos dependen de ellos mismos  y no de lo externo. Reconocer a los seres vivos como unidades autopoiéticas implica, al mismo tiempo reconocer su autonomía interna.

En consecuencia, los seres vivos son autónomos, en tanto son sistemas cerrados en su dinámica de constitución como sistemas en continua producción de sí mismos. Pero al mismo tiempo estos sistemas están abiertos a su medio porque intercambian materia y energía.

Entendidos como sistemas autopoiéticos, los sistemas vivos presentan entonces dos características básicas:

  • Son sistemas autónomos, auto-organizados, que se construyen a sí mismos.
  • Al mismo tiempo, interactúan de forma continua con el entorno.

Experimentan, por tanto,  la paradoja de la autonomía y la dependencia.

Bajo estos conceptos,  Edgar Morin establece que los subsistemas biológicos y sociales crean sus propios determinantes y sus propias finalidades (auto-organización) como sistemas independientes (autonomía) que a su vez dependen de otros determinantes o subsistemas (dependencia) para existir y desarrollarse.

Aplicado este concepto a las empresas, el concepto de autopoiesis sirve para entender la conservación y el cambio de la identidad de ésta como sistema social. Las organizaciones, en su interacción con el entorno, van desarrollando órganos, funciones, departamentos, procesos, que permiten su supervivencia y desarrollo.

En resumen, los seres vivos exitosos en la evolución muestran organizaciones  autoorganizadas, que conforman una red de procesos que los mantienen con vida.

Fuente: Maturana Humberto  y Varela  Francisco. “El árbol del conocimiento”

Edgar Morin.  “Introducción al pensamiento complejo”

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